Lima, 13 abr (EFE) 

El racismo, la discriminación, el inicuo sistema electoral peruano y la débil incidencia del movimiento social afrodescendiente son las trabas que mantienen relegados a los afroperuanos de los espacios de poder y la toma de decisiones en un país lastrado por la negación e invisibilidad de un pueblo que representa, al menos, el 3,6 % de su población.

Así lo sostiene en una entrevista con Efe el abogado y politólogo afroperuano Marco Antonio Ramírez, quien acaba de lanzar el libro "La identidad necesaria: Participación y representación política del pueblo afroperuano". 

Una obra que no solo llena un vacío en la literatura del país andino, sino que también se jacta de ser pionera en América Latina al proponer reformas electorales para mejorar la participación política de los afrodescendientes en la región.  
"El libro busca derrumbar este mito de que los afroperuanos no quieren involucrarse en la vida política y que solo son buenos en la parte artística, cultural, gastronómica o deportiva", relata el autor, convencido de que el abandono histórico de su pueblo en las reformas políticas y electorales del Perú "ha perpetuado una desigualdad que se formó en la colonia, a partir de la esclavización".  

RACISMO EN CIFRAS
En el país suramericano, el último censo oficial de 2017 señala que un 3,6 % de la población peruana se reconoce como afrodescendiente, pero otros estudios indican que se trataría del 9 %, una brecha que, según Ramírez, revela la existencia de una "gran cantidad de personas que no se han reconocido todavía como afroperuanas". 



"Se niegan la identidad afroperuana para ser mucho más aceptados socialmente (...) y eso tiene que ver con motivos de racismo y discriminación porque nadie quiere ser negro en un país en el que ser negro no te coloca en una condición de privilegio”, apostilla el también presidente de la Red Peruana de Jóvenes Afrodescendientes, Ashanti Perú.

Independientemente de cuál sea el porcentaje más fiel a la realidad peruana, la subrepresentación de este pueblo en cargos parlamentarios es evidente. 
En las postulaciones para el Congreso en las elecciones generales del año pasado, el 1,2 % de las candidaturas se autoidentificó como afrodescendiente, un número incluso menor al 2,2 % de 2018. 

Hoy, de los 130 legisladores que configuran el hemiciclo, solo dos mujeres son afroperuanas: Martha Moyano y Rosángella Barbarán, ambas del partido fujimorista Fuerza Popular. 
  
Pero a esta subrepresentación se suma, además, una "ruptura entre representantes y representados", agrega Ramírez, en alusión al hecho de que los afrodescendientes que suelen ocupar escaños no vienen del movimiento social afroperuano y, de rebote, no logran levantar su agenda y las demandas históricas de la lucha contra la discriminación racial.   

CINCO BARRERAS

A partir de entrevistas con excandidatos y congresistas afrodescendientes, líderes de organizaciones afroperuanas y otros actores políticos y sociales, el autor del libro identificó cinco barreras que limitan la equidad parlamentaria. 

La primera tiene que ver con la invisibilidad y el "sistema de negación" que azota a los afrodescendientes en la sociedad peruana y, ligado a esto, está también el racismo y la discriminación, "que hace que las personas afroperuanas, cuando postulan, tengan que hacer dos o hasta tres veces más esfuerzos para demostrar que sí pueden ser buenos candidatos o autoridades".

Otro obstáculo es la "debilidad" del movimiento afroperuano que, según el abogado, "no ha logrado construir una candidatura y levantarla hacia una posible elección". 
Por último, Ramírez menciona la falta de voluntad de los partidos políticos para incluir agendas y candidaturas afroperuanas y, sobre todo, la deuda histórica de mirar las reformas electorales con un enfoque intercultural que considere a los afrodescendientes como un grupo de especial protección. 

"En el Perú, por ejemplo, tenemos cuotas para jóvenes, también de pueblos indígenas. En el caso de las mujeres, antes había cuotas electorales, ahora hay paridad y alternancia, pero (...) las personas afroperuanas no tienen ningún tipo de mediación afirmativa para garantizar su participación y mucho menos su representación en el Congreso", espeta.

Si bien la fotografía de la exclusión se replica en otros países de América Latina, donde el porcentaje poblacional de afrodescendientes asciende al 30 %, el autor alaba buenas prácticas en países como Colombia, donde este grupo tiene dos escaños reservados para la cámara baja y el senado.  


CIUDADANÍA INTERCULTURAL

Adoptar cuotas similares para el pueblo afroperuano sería ya un paso agigantado, pero la reforma electoral y política tiene que estar ineludiblemente atada a una reforma educativa a mediano y largo plazo, asegura Ramírez. 
"Tiene que ir acompañado de unas medidas de sensibilización al interior de los organismos electorales, de los propios partidos políticos, del movimiento social y de derechos humanos e incluso de la ciudadanía en general", comenta. 

Para el politólogo, urge reconocer y visibilizar el aporte de los afrodescendientes en la identidad nacional a fin de generar "ciudadanos interculturales" que, siendo afroperuanos o no, logren levantar las demandas de los grupos excluidos porque "la lucha contra el racismo no está divorciada de las reformas electorales", sentencia. 

Carla Samon Ros
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