El delantero francés del Real Madrid, Karim Benzema, golpea el balón desde el punto de penalti para conseguir el segundo gol del equipo madridista durante el encuentro correspondiente a la jornada 30 de primera división que disputaron frente al Celta en el estadio de Balaidos, en Vigo. EFE / Salvador Sas.

Madrid,(EFE).

Sin brillantez alguna, con oficio y tres penaltis a su favor que alimentarán días de polémica, el Real Madrid se levantó del duro golpe del clásico ante el Barcelona, amparado en las figuras de Thibaut Courtois y Karim Benzema, que marcó dos penas máximas y perdonó otra, para alcanzar los mejores registros goleadores de su carrera que impulsan a su equipo hacia el título de Liga.

Se quita la presión de encima el líder poniendo freno a los intentos de resurrección liguera. La traslada a Sevilla y Barcelona, de nuevo a doce puntos, que se enfrentan el domingo en el Camp Nou para decidir quien asume el papel de candidato a la espera de un nuevo momento de irregularidad del Real Madrid.

No anda bien el equipo de Carlo Ancelotti. Desde su casa, sin poder viajar a Vigo por coronavirus, lo vería mejor que desde el banquillo. Un equipo indefinido en su idea en el campo, sin armonía en la presión, con debilidad en la medular y vulnerable en defensa. Salvado de nuevo por las intervenciones de Thibaut Courtois y los goles de Benzema.

El reencuentro con el triunfo del Real Madrid quedó marcado por las decisiones arbitrales de Pablo González Fuertes. “Solo ha faltado pitar otro para que lo tirase Pablo o para un hat trick de Benzema que parecía que era lo que quería”, acusó Iago Aspas al final del partido, en caliente, con la impotencia del que mereció más y se va de vacío.

El Celta reaccionó al primer gol de penalti de Benzema con un tanto de Nolito que incendiaba la Liga. Antes le habían anulado uno a Thiago por fuera de juego de Aspas en momentos en los que el Real Madrid se instaló en la intrascendencia. Solo con fogonazos que acabaron en penaltis, uno fallado y el último marcado por Benzema, encontró el resultado deseado (1-2). 34 tantos de Karim para alcanzar el mejor registro de su carrera, 216 dianas en Liga para dar caza a Alfredo di Stéfano. Un Real Madrid más efectivo a domicilio, 35 puntos logrados, que en el Bernabéu (34).

En racha sigue el Atlético de Madrid, al que el parón le vino en su mejor momento y que en esta ocasión solventó con contundencia los momentos de duda en el Metropolitano ante equipos de la zona baja. Su última derrota, antes de seis victorias, fue ante el que llegaba colista, el Levante.

Y el Alavés estrenaba condición en su visita, último tras el triunfo del Levante ante el Villarreal. Del emocionado apoyo a Diego Simeone de la parroquia rojiblanca tras la pérdida de su padre. Con la emoción contenido y lágrimas en los ojos en el minuto de silencio, a su pasión que se convierte en locura en la zona técnica cada partido. Disfrutando del testarazo de Joao Félix a la escuadra nada más nacer el partido, después incluso de un tanto anulado a Lodi.

En esta ocasión con reacción de poderío que aumenta la confianza para la batalla europea que le espera en su duelo ante el Manchester City. El tanto de Escalante de cabeza a los 62 minutos era un castigo al conformismo y una nueva prueba a un equipo que exhibió pegada en el último cuarto de hora. Con la entrada decisiva de Cunha al partido y Luis Suárez ante una de sus víctimas preferidas. Firmó un doblete para llegar a nueve tantos en once encuentros ante el Alavés, que se hunde un poco más en la clasificación y se marchó goleado (4-1).

Superado en la clasificación por un Levante que se agarra a la esperanza gracias a la exhibición de su pareja de delanteros. La lucha de Roger y el gol de José Luis Morales. A cinco de la permanencia a la espera del resultado del Cádiz. “Nos vamos a matar en todos los partidos que quedan”, aseguró su técnico Alessio Lisci tras ver a sus jugadores dejarse todo ante un Villarreal que volvió a mostrar su peor cara de visitante. Solo 14 puntos de 45 posibles lejos de La Cerámica ponen en riesgo su plaza europea.

Tocado queda un Mallorca en zona de descenso, al que de nada sirvió el estreno en su banquillo del mexicano Javier Aguirre. Aguantó el empate 82 minutos hasta que apareció Gonzalo Villar para inventar una asistencia mágica a Borja Mayoral que da mucha tranquilidad al Getafe.

De nuevo con seis puntos de colchón a la zona de peligro donde se instala un Mallorca en crisis de resultados. Sergio Rico había salvado a su equipo con una doble parada milagrosa, salvando un penalti de Enes Ünal y el posterior remate de Olivera. Nada pudo hacer a ocho minutos del final para evitar la sexta derrota seguida en el peor momento de la temporada.

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