Panamá, a las puertas de reglamentar el uso del cannabis

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El chef Carlos Ossa muestra unas gotas de cannabis medicinal durante una entrevista con Efe, el 25 de octubre de 2021 en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/Bienvenido Velasco

Ciudad De Panamá, (EFE).

Carlos Ossa lleva años introduciendo ilegalmente a Panamá las únicas gotas que lograron calmar los dolores de la esclerosis múltiple que padece; no le funcionaron los medicamentos tradicionales del mercado y encontró en el aceite de cannabis un paliativo.

“Hoy en día me siento paciente, pero no enfermo. Tengo calidad de vida”, relata a Efe desde el salón de su hogar, mostrando un frasco opaco sin etiquetas.

El chef Carlos Ossa habla con Efe durante una entrevista el 25 de octubre de 2021 en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/Bienvenido Velasco

Ossa es uno de los impulsores civiles de la Ley de Uso Medicinal del Cannabis en Panamá, una norma inédita y la primera en Centroamérica, que ayudará al activista -y otros pacientes- a dejar de “jugársela” para adquirir su medicamento, legal en otros países, aunque aún está a expensas de ser reglamentada.

La ley 242 que “regula el uso medicinal y terapéutico del cannabis y sus derivados y dicta otras disposiciones” fue sancionada por el presidente de Panamá, Laurentino Cortizo, el pasado octubre, tras aprobarse con cero votos en contra en el Parlamento.

A través de ella se crea un “marco regulatorio que permite el uso y acceso vigilado y controlado del cannabis medicinal y sus derivados con fines terapéuticos, médicos, veterinarios, científicos y de investigación en el territorio nacional”, que pone al paciente como protagonista de la norma.

Así, la ley “norma el derecho que tiene todo paciente a acceder a un tratamiento de cannabis”, establece “los mecanismos de control de todas las actividades reguladas por la ley”, así como las normas de “seguridad, control, calidad y vigilancia de los productos” y promueve “el estudio y la investigación”.

Panamá pasa así a formar parte del grupo de 13 países de América que legislan el cannabis, una iniciativa que ha arrasado con fuerza estos últimos años en la región con la aprobación de su uso -tanto terapéutico como recreativo- tras las innumerables evidencias científicas sobre las propiedades de la planta.

“SIGO SIENDO ILEGAL”: PACIENTES URGEN REGLEMENTAR LA LEY

“Vivir sin cannabis es vivir con mucho dolor. Queremos que se reglamente pronto”, cuenta a Efe la presidenta de la Fundación Buscando Alternativas, Luris Higuera.

Según denuncian los pacientes, la ley, a pesar de haber sido aprobada y publicada en Gaceta Oficial, todavía no se ha reglamentado, lo que aún les deja desamparados.

“Pueden llevarme presa, estoy haciendo algo ilegal. Sigo siendo una persona ilegal amarrada de manos”, añade Higuera, paciente de artritis “refractaria”, una condición de la enfermedad que le impide responder a los tratamientos medicinales, según detalla.

Ossa relata que a “día de hoy”, sigue “consiguiendo” sus medicamentos del “exterior” porque “hasta que no se haya reglamentado la ley es como si no existiera”, lo que da espacio a que los pacientes adquieran la medicina a través del mercado negro sin asegurar un producto de “calidad, sano ni accesible”.

Vista de un letrero sobre medicamentos en la residencia del chef Carlos Ossa durante una entrevista con Efe, el 25 de octubre de 2021 en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/Bienvenido Velasco

LOS ARTÍCULOS MÁS POLÉMICOS

Tras cinco años de debates parlamentarios, la ley se aprobó por unanimidad a pesar de contener algunos artículos polémicos, que, a juicio de algunos de los impulsores, se podrían mejorar.

La única diputada que objetó una parte de la ley fue Mayín Correa, del partido Cambio Democrático, al estar en desacuerdo con la siembra de la planta, pues podría atraer “inseguridad” y un aumento de la criminalidad en el país, que ya es una zona de tránsito del narcotráfico.

El artículo 21 contempla que el Ministerio de Salud “podrá definir el número de licencias” autorizadas, que hasta “cinco años después” de ser promulgada la ley “solo podrán ser hasta siete licencias de fabricación”.

Así como el número 24 establece de “manera temporal” la autorización de “la importación de los derivados del cannabis”, y que la misma “tendrá una vigencia de dos años”.

Ambos apartados son los que más controversia atraen entre los pacientes, a pesar de que, como reconoce Ossa, “para ser la primera, es una ley es un paso justo y necesario”, pues aunque “no es perfecta ni ideal” es “un gran logro”.

¿USO LIBRE DEL CANNABIS EN UN FUTURO?

Para Ossa, el “siguiente paso” sería una reglamentación para el uso libre – o adulto- del cannabis, aunque reconoce que la sociedad aún no está preparado para debatirlo.

“Hay que estar claro que eso viene y que la discusión es sobre libertades y derechos. Está comprobado que la prohibición no ha podido ganar al narcotráfico”, agrega el activista.

Aún así, Ossa recuerda que esta lucha por legalizar el cannabis medicinal, que confirma que están “ganando la batalla”, ha sido “por una vida sin dolor”, pues “el dolor no espera y esto es un tema de derechos humanos”.

Ana de León

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