Fotografía del 25 de febrero de 2022, que muestra a un soldado del Ejército colombiano mientras presta guardia en las calles de la vereda Las Vegas, departamento del Putumayo (Colombia). EFE/Carlos Ortega

Mocoa (Colombia) (EFE).-

El departamento colombiano del Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú y escenario de algunos de los episodios más violentos del conflicto armado, sigue desangrándose cinco años después del acuerdo de paz, con dos firmantes asesinados en menos de una semana.

La más reciente muestra del incremento de la violencia en Putumayo fue el asesinato la semana pasada de uno de los firmantes de paz más reconocidos y queridos en la zona, Jorge Santofimio, líder de La Granja, el lugar donde está la Cooperativa Multiactiva Comunitaria del Común (Comuccom) en el municipio de Puerto Guzmán.

“Jorgillo”, como era conocido, lideraba una reunión el jueves en la noche en la que la comunidad preparaba su encuentro con la delegación de la Unión Europea que el fin de semana visitaría Mocoa (capital del departamento), cuando una ráfaga de fusil de asalto interrumpió a los habitantes de La Granja.

Un grupo armado que la comunidad desconoce, según contaron a Efe, entró al terreno de este proyecto que le apuesta a la paz para descargar sus fusiles contra los que estaban allí reunidos, incluyendo a dos menores de edad: el hijo de “Jorgillo”, de 13 años, y un bebé de cinco meses, que resultaron heridos.

No obstante, el grupo se vio obligado a retirarse ante la reacción del esquema de seguridad que custodiaba el Aula de Paz y Reconciliación, lugar en el que se llevan a cabo los consejos de administración y las asambleas de la Comuccom, que quedó “bañada de sangre”.

“Jorgillo”, originario del Putumayo y durante 17 años miembro de la extinta guerrilla de las FARC en la guardia de alias “Joaquín Gómez”, es recordado por sus compañeros como el líder de la restauración ecológica y del proceso de reconciliación con las comunidades locales.

Durante casi tres años estuvo al frente de La Granja demostrando que “la guerra no es el camino” y fue un líder “muy despierto, muy hábil para hablar y muy inteligente”, recuerdan sus compañeros.

Esa misma semana fue asesinado Fabián Alexander Rodríguez Suárez, conocido como “Lorenzo Hidalgo”, en Jardines de Sucumbíos, en el municipio de Valle del Guamuez, también en el Putumayo.

Fotografía del 25 de febrero de 2022, que muestra a un soldado del Ejército colombiano mientras presta guardia en las calles de la vereda Las Vegas, departamento del Putumayo (Colombia). EFE/Carlos Ortega

VIOLENCIA ENTRE LA SELVA Y LOS ANDES

La selva y la cordillera de los Andes se encuentran en este departamento olvidado por la institucionalidad y donde el acuerdo de paz de noviembre de 2016 no llegó a implementarse totalmente, por lo que gran parte de la economía sigue dependiendo del cultivo de coca y la reparación tras las masacres y la violencia sigue siendo un asunto pendiente.

Otro de los factores que sigue perpetuando la violencia en el Putumayo son los proyectos extractivos, tanto legales como ilegales, en especial la minería y el petróleo. Precisamente las actividades extractivas tienen una fuerte preponderancia en este departamento que tiene una población de 369.332 habitantes.

El Putumayo tiene un 79 % de la superficie cubierta de bosques y un 19 % son áreas protegidas. Sin embargo, es el cuarto departamento en el que el proceso de deforestación es más acusado.

En la zona operan el Frente Carolina Ramírez y los Comandos Bolivarianos de la Frontera de la Segunda Marquetalia, una de las disidencias de las FARC, que amenazan y persiguen a los firmantes de la paz y los presionan para que vuelvan a las armas.

Putumayo es de especial importancia para diferentes grupos armados ilegales por el control de los corredores estratégicos para la circulación de personas, armas y drogas con destino al centro del país, a Brasil y las zonas de frontera con Ecuador y Perú.

Esta conjunción de factores, a lo que se suma la desconfianza de parte de la población hacia los militares, hace del Putumayo epicentro de la violencia que ocurre, muchas veces, fuera del ojo público.

De hecho, de los seis exguerrilleros asesinados en lo que va de año en Colombia, dos han sido en Putumayo y en menos de una semana, mientras que el número de desmovilizados asesinados desde la firma de la paz en el país es de 305, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

EL PROYECTO DE LA PAZ CONTINÚA

“Aunque el Gobierno ha hecho trizas el acuerdo de paz, nosotros recogemos los papeles y lo armamos nuevamente”, asegura a Efe el nuevo líder de La Granja, Anselmo Ortiz, conocido como “Jorgito”, quien cuenta que las 12 familias que llegaron en 2019 a este terreno aumentaron a 21 y en ellas han nacido los primeros cinco “niños de la paz”.

Aunque comenzaron con 118 excombatientes que se sumaron a este proyecto, “ya han matado a once, dentro y fuera de La Granja”, lamenta Ortiz, quien no desfallece en su optimismo y asegura que “continuarán con el proceso de paz para demostrar que Colombia es un país de oportunidades donde vive gente con el corazón muy grande”.

“De corazón esperamos que no haya más muertos en Colombia”, dice esperanzado Ortiz, aunque en el Putumayo siguen activas nueve alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo que también dan cuenta de la presencia de diferentes carteles de narcotráfico, como el de Sinaloa.

Laia Mataix Gómez

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