El entrenador de Ecuador Gustavo Alfaro. EFE/Nathalia Aguilar

Guayaquil (Ecuador),(EFE).

La clasificación de Ecuador para Qatar 2022, el que será el cuarto Mundial de su historia, se afianzó en los hombros de un grupo de jóvenes, alegres e intrépidos, que se dejaron guiar por Gustavo Alfaro, el técnico argentino que no encontró límites entre sus muchachos.

Alfaro llegó a Ecuador para debutar como seleccionador y, por una u otra razón, rompió esquemas en un entorno conservador en el que primaban conjeturas de viejos estrategas como la de que “con jóvenes se gana partidos, pero con los experimentados, los títulos o las clasificaciones”.

Ese concepto había echado raíces y dado frutos en las clasificaciones a los mundiales de Corea del Sur y Japón 2002, Alemania 2006 y Brasil 2014, pues la base de esos equipos la habían formado jugadores experimentados.

Obligado por la necesidad a armar un plantel, y partiendo de un grupo, Alfaro comenzó su proceso desde cero y tuvo que conformarse con quienes querían formar parte de la selección.

Y es que algunos “seleccionables” se habían distanciado de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) tras una pobre presentación en la Copa América de Brasil 2019, que incluyó un polémico acto de indisciplina de varios jugadores, conocido con el sugestivo nombre del “piso 17”, en alusión a la habitación que ocuparon algunos en el hotel de concentración.

TURBULENTO ENTORNO

Sin embargo, la crisis también llegó a la propia junta directiva de la FEF, que se había partido en dos, aunque por razones externas a las que afrontaba la selección nacional.

El experimento de contratar a Jordi Cruyff como técnico de la selección tampoco contribuyó a la estabilidad y más bien generó una dura polémica mediática en el exigente entorno del fútbol nacional.

En ese ambiente, y a menos de 40 días para el debut en la actual eliminatoria y sin seleccionador oficial, apareció Alfaro para debutar en medio de conflictos y carente de un equipo.

De los jugadores de la Copa América de Brasil 2019 quedaron pocos para escoger y, de entre ellos, algunos acabaron por renunciar.

Alfaro, técnico exitoso en sus 30 años como estratega de clubes, tomó con fuerza la rienda de la Tri en un momento espinoso.

Fueron pocos, en ese momento, los dispuestos a defender la camiseta tricolor y, como suele decir Alfaro, los primeros que se apuntaron al sueño fueron jóvenes desconocidos.

Alfaro los motivó, inspiró, les reveló que el futbolista ecuatoriano tenía potencia física, que era rápido y también técnico; y fue con ellos con los que armó su propuesta de juego: ser ofensivo, recuperar el balón con alta presión y terminar por imponerse en el terreno.

DEL PESIMISMO A LA FE

Los directivos, embebidos en su propios problemas, sugerían que el proceso debía caminar para echar bases firmes con miras al Mundial de 2030, pues no tenían la fe necesaria en el nuevo proceso.

Los primeros 30 días de Alfaro, previo al debut ante Argentina, se sintieron como a fracaso, aunque la derrota por 1-0 ante la Albiceleste, de visitante, dejó una sensación satisfactoria por el rendimiento general de ese equipo de jóvenes.

Luego Ecuador derrotó 4-2 a Uruguay, que salió con todas sus figuras. Los jóvenes empezaron a creer y confiar y luego ganaron a Bolivia, en La Paz, para cerrar el 2020 con la apabullante goleada 6-1 a Colombia.

De ahí en adelante fueron más los aciertos que los errores, aunque nuevamente otra pobre participación en la Copa América de Brasil 2021 volvió a preocupar a la afición ecuatoriana.

A Alfaro, desde un reducido sector, le increparon por “vender humo”, pero el estratega, en lugar de enfadarse, buscó el diálogo para generar tranquilidad entre sus pupilos, que devolvieron la confianza con un mejor desempeño.

Ello se reflejó con el empate 0-0 en su visita a Colombia y la histórica victoria por 0-2 de visitante sobre Chile.

Los bemoles de Ecuador, sin embargo, compusieron una melodía que piensa retumbar el próximo martes en el partido ante Argentina, en el cierre de las eliminatorias, en Guayaquil, donde seguramente se oirá el “Sí se pudo”.

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